De la nota suelta a la sinfonía: cuando la depuración piensa antes de actuar Adasa y Aqualia mostraron cómo la medición continua y el diseño basado en datos cambian la gestión del agua
¿Se puede entender una sinfonía de Beethoven escuchando una sola nota? El miércoles 30 de septiembre, en la sala Terranova del Spain Smart Water Summit 2026 (Madrid), dos ponentes defendieron que el sector del agua lleva años intentándolo. Su alternativa: medir en continuo y decidir con una visión de conjunto.
A las 12:00, en la segunda parte del bloque «Tratamiento y calidad: del agua bruta al medio receptor», Montserrat Batlle, especialista en innovación de Adasa, abrió con esa imagen musical. Las medidas aisladas, explicó, son notas sueltas: solo cobran sentido cuando se integran. Propuso un recorrido en cuatro pasos: medir, integrar, interpretar y actuar.

Fuente: Rafa Aparicio
Empezó por el primero. Repasó los sensores, que generan una señal digitalizable en función del parámetro medido, y los dispositivos que la convierten en un formato útil. Los hay físicos, como los de temperatura, los más sencillos, y químicos, bastante más complejos.
Ese recorrido desembocó en AquaBio, una tecnología que cuantifica E. coli y enterococos, indicadores clásicos de contaminación fecal, y que genera datos digitales continuos. Según se explicó, el sistema se basa en la fluorescencia: el momento en que esta aparece permite estimar la carga inicial de microorganismos. La ponente presentó además dos casos de uso —la gestión del riesgo en aguas de baño y en aguas regeneradas— y subrayó que el dato conecta directamente con las decisiones de gestión. Su conclusión fue que la medida continua cambia la pregunta: ya no se trata de saber qué calidad tiene el agua, sino cómo evoluciona el riesgo.
Tras ella tomó la palabra Ernesto de la Plata, jefe de Depuración y Potabilización de Aqualia, dando inicio a la ponencia «Smart Villapérez: la inteligencia empieza antes de construir». Presentó el proyecto como un éxito y, según se mostró en pantalla, en buena parte gracias al proceso de licitación con el que se planteó. Invitó al público a un viaje «desde el dato hasta la realidad digital», que comenzó por armonizar y caracterizar los datos y siguió con la construcción de modelos, hasta lograr una validación coherente entre modelo y planta.
Después llegó la parte de las decisiones: definir alternativas, fijar variables y rangos, acordar criterios y simular escenarios. Así ninguna decisión se toma de forma aislada. Las cifras proyectadas dieron idea de la escala: unos 38 hm³ anuales de agua tratada, 19.000 kg de materia seca al día de fango generado y 470 kg diarios de nitrógeno amoniacal, junto a la cogeneración eléctrica. De la Plata insistió en que la mayor ventaja es ver la imagen de conjunto.
Al hablar de inteligencia artificial, se centró en lo concreto: capacidad de cálculo. Más escenarios y más trazabilidad, con el mismo rigor. Resumió el papel de cada parte con una frase: «La tecnología propone, la ingeniería decide».
Las dos ponencias, una desde el laboratorio y otra desde el diseño de la planta, llegaron a la misma idea: el valor no está en cada dato, sino en la melodía que forman todos juntos. Cuando la medida es continua y el diseño nace del dato, la depuración deja de reaccionar al problema y empieza a anticiparlo. Queda una reflexión para quienes gestionan el agua: ¿estamos escuchando la sinfonía completa o seguimos atentos a una sola nota?
Iñigo Ozcoidi Gallues