El despliegue de NB-IoT de Canal de Isabel II muestra cómo una tecnología concebida para medir puede acabar transformando la relación con el agua
Garantizar el suministro, detectar fugas antes de que se conviertan en un problema y ofrecer un servicio más eficiente a millones de usuarios exige algo más que instalar contadores: requiere que los datos lleguen, sean fiables y puedan convertirse en decisiones. Sobre este desafío se centró María Humbelina Vallejo, subdirectora de Servicios Comerciales de Canal de Isabel II, durante la ponencia “IoT a gran escala: rompiendo la barrera tecnológica para transformar el servicio público del agua”, celebrada en el Spain Smart Water Summit 2026. Canal de Isabel II fue el primer gran operador en apostar por NB-IoT para la telelectura y afronta ahora la culminación del despliegue en todo su parque de contadores.

Fuente: iAgua
La experiencia presentada parte de una necesidad esencial: garantizar el suministro a toda la población y mejorar la capacidad de detectar fugas y otras incidencias. La innovación, en este caso, no se plantea únicamente como una cuestión tecnológica, sino como una herramienta para mejorar el servicio público. El reto consistía en pasar de las pruebas iniciales a una solución capaz de funcionar a gran escala, con millones de dispositivos conectados y una gestión fiable de las comunicaciones.
El recorrido comenzó con los pilotos de NB-IoT en 2017, destinados a comprobar el comportamiento de la tecnología tanto en campo como en laboratorio. Entre 2019 y 2022 se definió el proyecto y, a partir de 2023, comenzó el despliegue de los equipos de telelectura. La evolución hacia una fase analítica completa aparece como el siguiente paso: una vez que el contador deja de ser únicamente un elemento de medida, el dato que genera puede utilizarse para conocer mejor lo que sucede en la red y en los hogares.
Llegar a esa escala obligó a tomar varias decisiones clave. La elección tecnológica fue solo una parte del proceso. También resultaron determinantes la movilización del mercado, las licitaciones escalonadas, la combinación de contadores, la selección de proveedores y, especialmente, el control de las comunicaciones. En un proyecto de esta dimensión, cada elemento tiene que funcionar de manera coordinada: no basta con que exista un contador inteligente si el dato no llega de forma consistente al sistema que debe interpretarlo.
Los resultados apuntan precisamente a esa transformación. Las notas de la ponencia recogen un despliegue de cientos de miles de contadores, una cobertura elevada y nuevos servicios vinculados a la detección de posibles fugas. También se señala un ahorro anual de agua y un número significativo de usuarios beneficiados. Más allá de las cifras concretas, el cambio fundamental está en pasar de una lectura periódica a disponer de información con capacidad para generar alertas y anticiparse a determinados problemas.
El impacto llega así hasta la relación con el usuario. La telelectura permite avanzar hacia servicios personalizados y portables, pero también abre la puerta a una operación más predictiva: detectar una anomalía y actuar antes de que el consumo excesivo o una fuga se conviertan en un problema mayor. En este sentido, la digitalización deja de ser invisible y comienza a percibirse directamente en la calidad del servicio.
La ponencia cerró con una idea sencilla: “El agua es patrimonio de todos”. Y si ese patrimonio es un bien escaso, medirlo mejor también significa protegerlo mejor. La lectura de millones de contadores no constituye, por sí misma, una transformación; el verdadero salto se produce cuando el dato permite ahorrar recursos, anticipar incidencias y ofrecer un servicio público más cercano a las necesidades reales de quienes lo utilizan.
Julia Celis Sánchez