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Medir, no creer. Diez meses, cincuenta días, ciento tres horas

Estamos descubriendo poco a poco los posibles alcances de la inteligencia artificial. A medida que aprendemos a utilizarla, empieza a dejar de ser únicamente una herramienta para convertirse en algo más parecido a un colaborador capaz de analizar múltiples escenarios y aportar diferentes perspectivas. La clave, sin embargo, sigue estando en saber cómo entrenarla, orientarla y supervisarla.

Esta fue una de las ideas que dejó la ponencia «Medir, no creer. Diez meses, cincuenta días, ciento tres horas», presentada por Alejandro Beivide, en la que expuso un caso práctico de aplicación de inteligencia artificial en la plataforma NAHARIA. A través del entrenamiento de distintos agentes de IA, orientados hacia un mismo objetivo, la herramienta permite analizar diferentes parámetros y situaciones para facilitar la toma de decisiones y buscar formas de trabajar de manera más eficiente.

Fuente: iAgua

Lo interesante no es únicamente la capacidad de la IA para analizar información, sino la posibilidad de que los propios agentes incorporen procesos de auditoría: evaluar sus resultados, detectar posibles errores, corregirse y aprender de ellos. Esta capacidad abre la puerta a sistemas que puedan adaptarse progresivamente a nuevas condiciones y situaciones, manteniendo siempre la supervisión de las personas responsables.

La ponencia plantea así una cuestión que va más allá de la propia tecnología. La inteligencia artificial puede ser capaz de procesar datos extremadamente complejos y transformarlos en soluciones más sencillas de interpretar, pero decidir qué solución es adecuada continúa siendo responsabilidad de quien conoce la instalación, sus necesidades y su funcionamiento.

Quizá el verdadero reto de esta transformación no sea crear cada vez más agentes de inteligencia artificial, sino conseguir que estos puedan trabajar de forma coordinada hasta construir algo parecido a un cerebro de ecosistema artificial, capaz de analizar, interpretar y proponer respuestas ante situaciones complejas.

Estamos entrando en un escenario en el que ya no se trata únicamente de utilizar la inteligencia artificial, sino de enseñarle, entrenarla y supervisarla. Y, aunque todavía estamos descubriendo hasta dónde puede llegar, resulta interesante pensar en un futuro en el que estas herramientas puedan acompañarnos en la toma de decisiones, aportando nuevas posibilidades y soluciones, mientras las personas seguimos teniendo la responsabilidad de decidir cuál es el camino correcto.

 

Natalia Gamboa De La Torre