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Más allá de los PERTE: las capacidades tecnológicas que impulsarán la siguiente era del agua

La digitalización de la lectura de contadores plantea un desafío que comienza, y no termina, cuando el dispositivo queda instalado. Con alrededor de 1,5 millones de contadores gestionados y unos 60 millones de lecturas procesadas diariamente, Telefónica presentó su experiencia en telelectura del agua y una idea que atravesó toda la intervención: el verdadero objetivo consiste en garantizar que sus datos lleguen de forma fiable durante toda la vida del proyecto.

Se sitúa el origen de esta estrategia en 2017, cuando la compañía entendió que su papel debía superar el de un operador de telecomunicaciones. Las nuevas tecnologías IoT exigían integrar dispositivo, red, plataforma y operación. De poco servía disponer de una red adecuada si el contador no estaba correctamente configurado o si, una vez desplegado, no existían mecanismos para supervisarlo durante años.

Fuente: iAgua

La escala permite comprender el problema. A los despliegues masivos en grandes gestoras se suman proyectos muy diferentes, como el desarrollado para Somacyl, en Castilla y León, con unos 175.000 contadores distribuidos por municipios pequeños y zonas rurales. El desafío cambia de forma, pero no de objetivo: conseguir que un contador instalado en un entorno poco poblado disponga de la misma capacidad para transmitir información que uno situado en una gran ciudad.

Aquí el papel de su laboratorio The ThinX es clave, donde dispositivos y soluciones se someten a pruebas antes de incorporarse a la red. La duración de las baterías, la cobertura en emplazamientos difíciles y la recepción diaria de datos se convierten en variables esenciales.

La dificultad aumenta porque los contadores de agua suelen encontrarse en lugares hostiles para las comunicaciones: arquetas, espacios enterrados y entornos rodeados de agua y materiales metálicos. A ello se añade la necesidad de mantener operativos durante muchos años unos dispositivos que convivirán con sucesivas generaciones tecnológicas. Por ello, destacaron funciones como la actualización remota del firmware y la posibilidad de modificar configuraciones sin desplazarse físicamente hasta cada contador.

Pero el despliegue representa solo el comienzo. Una vez instalada la infraestructura, empieza una tarea continua de supervisión, pruebas y optimización. Las redes cambian, aparecen nuevos dispositivos y aumenta el número de conexiones, mientras los recursos disponibles siguen siendo limitados. El laboratorio y los entornos de preproducción permiten probar en este contexto tecnologías como 5G y conectividad satelital antes de trasladarlas a sistemas reales.

Pero se miró más allá de los proyectos financiados mediante los PERTE. Telefónica presentó una plataforma IoT orientada a integrar dispositivos de distintos fabricantes, gestionar los equipos y explotar sus datos, con especial atención a pequeñas gestoras y ayuntamientos sin grandes departamentos tecnológicos. También planteó fórmulas de financiación destinadas a repartir en el tiempo el elevado coste inicial del hardware.

Se dejó así una distinción importante: digitalizar el contador no equivale a digitalizar la gestión del agua. El contador proporciona valor cuando su información llega de forma continuada, puede explotarse y termina convirtiéndose en balances, detección de pérdidas, facturación o decisiones operativas. En proyectos diseñados para durar más de una década, instalar la tecnología constituye apenas el primer paso; mantener vivo el flujo de datos es el verdadero compromiso.

 

Irene Arboledas Cáceres