Revoluciones y desafíos para el uso inteligente del agua
En la sala TERRANOVA del Spain Smart Water Summit 2026 se abordó la transformación del metering y la lucha contra el agua no registrada (ANR). La jornada evidenció que la digitalización, la calidad del dato y el factor humano son pilares indispensables.

Fuente: Rafa Aparicio. iAgua
Hace tres décadas, un operario leía manualmente el contador una vez al año; hoy se generan 8.760 datos anuales por dispositivo, obligando a repensar la interpretación del consumo. Se defendió que el contador es el pilar de toda la infraestructura; sin embargo, la calidad del dato exige garantizar el 100 % de recepción, algo que se logra mediante redes propias como LoRaWAN y plataformas que integran contadores de distintos fabricantes y tecnologías. El caso de éxito de Hernani —8.300 contadores con cuatro tecnologías conviviendo en una sola plataforma— demostró que la interoperabilidad ya no es una utopía.
El factor humano emergió como un elemento insustituible, como fue bien rescatado por Alessandro Porta. Se enfatizó en la frase: “La IA ayuda, pero no sustituye”. La intuición humana sigue siendo clave para, por ejemplo, discernir entre una fuga real y un consumo legítimo (como el de un restaurante con máquina de hielos que genera una curva de consumo que podría interpretarse como una pérdida) o documentar la trazabilidad de acceso a la infraestructura correspondiente.
No obstante, el error humano no se debe obviar. Santiago Spín presentó la evolución del ANR en la red de abastecimiento en alta de Barcelona, donde la implantación de un plan de mejora continua basado en la sectorización, la renovación de caudalímetros y un sistema automático de validación del dato permitió reducirlo del 3,7 % en 2007 al 2,27 % en 2025. El principal problema no eran tanto las fugas como la pérdida aparente, un problema de cálculo. La conclusión fue clara: la introducción de nuevas tecnologías como la telelectura no es el final del proyecto, sino el inicio de una nueva forma de gestionar el servicio.
Por tanto, la primera mitad de la jornada dejó una reflexión importante: el agua no se mueve sola. Sin datos fiables, sin gobernanza y sin el factor humano, la inteligencia artificial no tiene sobre qué trabajar.
Lucía Bonilla González