La inesperada nostalgia de lo que ya funciona
En la sala Terranova del Spain Smart Water Summit 2026, el día 30 de septiembre, la sesión de casos PERTE tuvo un invitado inesperado: la nostalgia. Hektor Orbe, subdirector de Desarrollo de Iniciativas y Estrategia del Consorcio de Aguas Bilbao Bizkaia, confesó que durante años los operadores subían a esos escenarios a prometer lo que iban a hacer, pero esta vez tocaba hablar del pasado, de lo ya ejecutado. En su caso, fueron 28,7 millones de euros invertidos en cuatro años, con 20 millones de fondos europeos y 8 millones de recursos propios, resaltando que el 20 % de los fondos fueron ejecutados con personal propio.

Fuente: Rafa Aparicio
La nostalgia no debe anclarse en el pasado. Guillermo Santana, de GDL Solutions, presentó el plan de saneamiento de La Laguna, donde la modelización matemática permitió cumplir el Real Decreto 665 y ahora sirve para anticipar desbordamientos. César Gómez, BIM Manager de Global Omnium, mostró cómo digitalizaron 88 habitaciones técnicas y más de 1.500 activos en los PERTE de EMSHI y Gandia, integrando modelos tridimensionales en la plataforma Silentview. Presentó resultados que quedan, que no se van con los fondos, al defender que “la filosofía es minimizar el dato, mantenerlo limpio y accesible”.
El cierre lo puso Marta Casao, de Aqualia, quien reivindicó la figura del jefe de planta de instalaciones pequeñas, ahogado en burocracia y Excel. En la EDAR de Teis transformaron una planta convencional en un gemelo digital que simula escenarios y avisa de incumplimientos. Su tesis consistió en que “digitalizar no es alejarse de la planta, es devolver tiempo y contexto para decidir mejor”. Esa es la nostalgia útil: añorar el tiempo que se perdía para recuperarlo en forma de decisión y ejecución medible.
Hektor Orbe, quien introdujo el concepto clave de esta crónica, mencionó “una nostalgia que no quisiera que se ancle en el pasado, sino que mire al futuro”. Los PERTE han terminado, pero los sistemas siguen funcionando. El verdadero reto no es recordar lo que se hizo, sino mantenerlo vivo cuando ya no haya fondos europeos. Sin datos gobernados y sin las personas que los interpretan, la infraestructura invisible no se sostiene. La nostalgia, bien entendida, es la gasolina que impulsa el futuro.
Lucía Bonilla González