El agua ante el espejo: tecnología para gestionar, política para decidir
El Congreso iAgua Summit 2026 volvió a convertirse en el epicentro del debate sobre la gestión hídrica, dedicando uno de sus encuentros más incisivos a un pilar clave en tiempos de crisis ambiental: la comunicación pública. Bajo una dinámica dialogada y ágil guiada por el moderador durante toda la sesión, Janire Bijueska (representante del Consorcio de Aguas) y Rubén del Campo Hernández (portavoz meteorológico) compartieron mesa para desgranar, mano a mano, cómo trasladar a la ciudadanía la complejidad del ciclo del agua y el impacto de los fenómenos climáticos extremos.

Fuente: iAgua
El punto de partida de la sesión analizó cómo ha evolucionado la gestión de la información meteorológica e hídrica para adaptarse a una sociedad que demanda datos cada vez más precisos: saber qué ocurre, dónde, cuándo y cuánto llueve. Como operador del recurso, Janire subrayó la necesidad imperiosa de apoyarse en la meteorología para prever escenarios, recordando que la responsabilidad ante el agua debe ser compartida. Por su parte, Rubén expuso la dificultad inherente a la interpretación de estos datos. Transmitir la ciencia del tiempo no es tarea sencilla; la sociedad exige certezas a una disciplina que, por naturaleza, es representativa pero inexacta. Como bromeó durante su intervención, existe incluso el riesgo de que la población perciba que los propios meteorólogos son los «culpables del mal tiempo», aunque ese gaje venga implícito en el sueldo.
A lo largo del diálogo se abordó de lleno el fenómeno de la sequía y las paradojas en la percepción pública. Es habitual que la ciudadanía asuma que “está lloviendo” de forma generalizada cuando, en realidad, persiste una severa escasez en comarcas concretas. Dado que el recurso no se distribuye de manera homogénea, se vuelve imprescindible articular un discurso pedagógico claro. Ambos ponentes coincidieron en que se debe informar con transparencia desde el minuto cero —combinando prealertas y recomendaciones— para concienciar y pedir un ahorro responsable sin caer en el alarmismo innecesario. Generar comprensión en el ciudadano es el único camino para lograr su colaboración activa, desmontando coletillas resignadas como la de esperar «hasta que llueva». Para afianzar esta credibilidad, Rubén destacó que los medios de comunicación son aliados indispensables: si el mensaje es riguroso, la población confía; si prosperan los bulos o intereses contrapuestos, la sociedad se vuelve vulnerable a los riesgos extremos.
El debate giró después hacia la vertiente económica y el valor social del servicio. Janire insistió en el deber de diferenciar entre el coste del agua y su valor, un «valor innegable» que la sociedad suele dar por sentado. Al abrir el grifo y disponer de agua barata y funcional de forma inmediata, se invisibiliza todo el proceso técnico e infraestructura que hay detrás. Mediante las tarifas, el ciudadano contribuye al mantenimiento, renovación y calidad del recurso; por ello, apeló a la implicación de los gestores públicos para trasladar con pedagogía el trabajo real que implica garantizar el agua potable.
En el tramo final, se reflexionó sobre la delgada frontera entre atribuir los episodios al cambio climático o a la mala gestión. Aunque las sequías son típicas del clima mediterráneo, el cambio climático aporta una «nueva dimensión del calor» que obliga a que la planificación urbanística incorpore sin excusas la variable climática.
Como gran conclusión de la ponencia, la reflexión de ambos ponentes dejó una enseñanza clara e interconectada: el clima ha cambiado de forma irreversible y la gestión hídrica será el gran reto del futuro. Sin embargo, ninguna infraestructura o plan urbanístico será eficaz si no va acompañado de la confianza ciudadana. Una confianza que solo se construye comunicando la realidad con absoluta transparencia, sin maquillajes y mano a mano con la sociedad.
Julia Celis Sánchez