¿Qué vino primero, el dato o el contador?
La segunda sección en la sala Terranova del Spain Smart Water Summit 2026 evidenció cómo detrás de cada orden de trabajo, de cada ruta, de cada presupuesto, hay personas que necesitan herramientas que no les compliquen la existencia. De ahí que lo importante no sea la tecnología en sí, sino que el operador que está en la calle, sin importar las condiciones en que se encuentre, pueda resolver la intervención a la primera.

Fuente: Rafa Aparicio. iAgua
Consecuentemente, la discusión sobre eficiencia energética tuvo como protagonistas a los bombeos y a las personas que los gestionan. Cristina Martínez y Raúl Jaén, de Global Omnium e Idrica respectivamente, señalan que decidir cuándo arrancar una bomba no puede ser trivial, ya que cada metro cúbico que llega a nuestros hogares implica una instalación de bombeo funcionando continuamente, consumiendo energía, incluso a las tres de la mañana, cuando el precio se dispara. En Valencia, con ocho bombas de velocidad variable y cuatro planes manuales, lograron un ahorro energético promedio del 7 % y una mejora de presión de entre el 15 % y el 80 %.
Y si de mejorar se trata, la jornada también rescató la idea de que a veces no se trata de medir más, sino de entender mejor. Esa máxima permite reducir los mantenimientos correctivos y predictivos, pasando de reaccionar ante el fallo a anticiparse a él. Pero ninguna máquina, ningún algoritmo y ningún sensor tienen sentido si los datos que los alimentan no son fiables.
Surge entonces la metáfora que dio título a esta crónica: «La IA es un coche de lujo, pero necesita gasolina de oro, no caldo de pollo», porque si alimentas un motor de inteligencia artificial con datos duplicados, contradictorios o desestructurados, lo que obtienes no es un viaje placentero, sino pérdida tras pérdida. El inventario, las reglas semánticas, la seguridad y el linaje son la refinería, el combustible de verdad, ya que sin ellos la IA no puede dar respuestas fiables. Entonces volvemos a la pregunta del principio, cuya respuesta es que da igual. Lo que importa es que ambos existan, que el dato sea limpio y que el contador esté bien instalado, porque al final del día la infraestructura invisible es la columna vertebral del ciclo del agua.
Najd Rharsalla Kadfi
Lucía Bonilla González